El costo humano y material del desastre vial.

Las rutas destruidas ponen en riesgo a las personas que las transitan y además golpean el bolsillo de quienes mueven la economía.

Las rutas destruidas no solo ponen en riesgo a quienes las transitan: también golpean al bolsillo de quienes mueven la economía. Cada bache se paga en más combustible, neumáticos que se gastan antes de lo previsto, camiones que pasan más tiempo en el taller y entregas que llegan tarde.

El costo del abandono vial recae sobre el transporte de carga, que ve cómo se erosiona su productividad y su rentabilidad. Sin contar el costo humano, irreparable. El Gobierno, desvía la mirada y casi no ejecuta los recursos asignados por ley a obras de vialidad.

La consultora Focus Market realizó un relevamiento entre las empresas transportistas nucleadas en la Primera Asociación de Empresarios de Transporte Automotor de Carga (Paetac) para determinar el estado de las rutas. Constató un deterioro profundo, en especial en las rutas nacionales. Las condiciones incluyen desde el asfalto destruido, hasta sectores intransitables y tramos sin asfaltar. Según estimaron, el tiempo extra para recorrer esos tramos críticos es de hasta 4 horas.

“Desde una perspectiva económica, la infraestructura vial deficiente no solo encarece la operación logística, sino que también impacta en la competitividad de toda la cadena productiva, con posibles aumentos en el precio final de los bienes. Invertir en el mantenimiento y la mejora de las rutas no debe considerarse un gasto, sino una política estratégica para reducir costos, mejorar la eficiencia del transporte y fortalecer la economía. Tener las rutas en condiciones no es solamente una cuestión de infraestructura: es una decisión económica estratégica“, expresó Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market.

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