La visita del Papa: La pulseada de Milei con la Iglesia y el temor por su impacto político.

El pontífice llegará en noviembre, pero ya hay incomodidad en la Rosada por el tono de la gira y su discurso. Ya hay una disputa con los obispos por los costos y el recorrido: la Rosada quiere actos cerrados y la Iglesia, que camine la calle.

El gobierno de Javier Milei enfrenta desafíos, pero sobre todo incomodidades, ante la visita del papa León XIV a la Argentina. El pontífice llegará al país el 8 de noviembre en un viaje de apenas tres días. Pero a más de dos meses de su arribo, las expectativas en relación a su presencia crecen a gran velocidad. También las presiones de unos y de otros para tratar de incidir en la apretada agenda de esas jornadas. La pregunta central gira en torno a cómo y cuánto la visita impactará en la vida cotidiana y cultural, pero también en la realidad social y política del país. En paralelo, también hay rispideces por los recursos y el gasto que demandarán algunos actos masivos. Este domingo, en tanto, ya llegó a la Argentina una delegación del Vaticano para reunirse con los funcionarios argentinos y recorrer los escenarios que visitará el Papa.

Desde la iglesia hay un gran esfuerzo por dejar en claro que se trata de “una visita pastoral” que, traducido para quienes no siguen de cerca la vida eclesiástica, puede entenderse como un mensaje tranquilizador para decir que no habrá intencionalidad política. También porque el costado eventualmente político de la visita es lo que más preocupa al gobierno de Milei.

Hay tensión entre la iglesia y el gobierno por las características que tengan los actos en los que participará Robert Prevost. La iglesia quiere una visita con los feligreses en la calle. Es decir, quiere el contacto del Papa con su pueblo. Por el otro, el gobierno desea, tal como lo viene haciendo con sus propios actos, eventos cerrados y con aforo porque esa es la mejor forma de controlar el relato oficial.

En el gobierno temen, además, que noviembre sea un mes caliente por la crisis económica y que, los cerca de cinco millones de argentinos que durante la visita papal saldrán a la calle, se conviertan en un problema.

Preocupa también el mensaje que trae el Papa. El arzobispo Marcelo Colombo, presidente del episcopado, después de su encuentro con León XIV el jueves en el Vaticano, adelantó que se tratará de “un viaje pastoral con proyección para la vida social”. A buen entendedor, pocas palabras.

Más allá del sentido “pastoral” de la visita, al gobierno le inquieta la parte de la “proyección para la vida social”. Eso se refleja en tensiones y presiones que ya se están dando en el proceso preparatorio.

Nadie espera que León XIV haga algún milagro en la Argentina. Pero el solo anuncio de su visita generó, sino un milagro, un hecho casi impensable hasta hace poco tiempo: que el gobierno libertario -en este caso a través de Karina Milei- abriera un espacio de coordinación con las máximas autoridades de la iglesia católica.

Desde que está en la presidencia, Milei rompió la tradición argentina y nunca recibió en audiencia a las autoridades del episcopado. Eso molesta a los obispos, pero también las actitudes y declaraciones del canciller Pablo Quirno. Hace ya muchos meses, cuando se palpitaba la posibilidad de que la visita papal se concretara, el ministro de Relaciones Exteriores y Culto pretendió auto adjudicarse “el éxito” de la gestión, algo que cayó pésimo en el episcopado y en el Vaticano. Nadie se lo reclamó directamente, pero un obispo le hizo notar a Quirno que las autoridades de la Conferencia Episcopal nunca habían sido recibidas por Milei. “Es que ustedes nos critican mucho”, fue la respuesta del titular de la cartera.

Confirmado el viaje, y por motivos institucionales, el encargado de las relaciones con la iglesia fue el mismo Quirno. El ministro pidió que todo pasara por él. Sin embargo, con el transcurso de los días, no había avances en la necesaria coordinación. Fue entonces cuando desde el episcopado hicieron llegar al gobierno el mensaje -casi exigencia- de activar los encuentros. Karina se enteró y se puso al frente. Relegó a Quirno y convocó en Casa Rosada ella misma a los representantes eclesiásticos.

Allí no invitó a los representantes de las demás provincias involucradas en la visita, pero sí lo hizo en una segunda reunión que se llevó a cabo en el Ministerio de Seguridad la semana pasada. Ese es el segundo hecho “casi impensable”, que hasta ahora propició el Papa. Que en una misma mesa se siente el gobierno nacional y representantes del gobierno de la provincia de Buenos Aires.

“La reunión fue protocolar, de trabajo. Hubo buena onda en general y todos dijimos que tiene que salir bien. No podemos estar peleándonos en medio de la visita de un Papa”, indicaron desde La Plata en diálogo con Página12.

En esa línea, lo que decidieron durante el último encuentro con Karina fue que cada jurisdicción –también estaban presentes representantes de Córdoba y de CABA–, se hará cargo de las actividades del Papa que toquen en sus distritos. Nación, sin embargo, como se trata de la visita de un jefe de Estado, estará a cargo de la seguridad del mismo y de sus traslados.

Quien quedó al frente de todas las cuestiones organizativas y del vínculo con las provincias es la mano derecha de Karina, y organizadora de eventos, Mara Gorini. Según supo Página12, la productora que eligió Gorini para la organización de los eventos por la visita del Papa es una denominada “Showtec”.

Link a la noticia completa: https://www.pagina12.com.ar/2026/08/31/la-visita-del-papa-pulseada-con-la-iglesia-y-temor-por-su-impacto-politico/