A través de la desarticulación de la Carta Orgánica del Banco Central, se apunta al desfinanciamiento del Estado en un esquema similar a la convertibilidad de los 90.

Con referencias que en muchos pasajes hicieron recordar la tozudez con la que Domingo Cavallo defendía la convertibilidad hasta horas antes de que autoexplotara, en diciembre de 2001; con medidas justificadas en la descalificación de otras propuestas acusándolas de ser “instrumentos de un robo de la alta política a las personas de bien”, o “una estafa”, Javier Milei presentó su proyecto de reforma a la Carta Orgánica del Banco Central con el objeto de eliminar su incidencia en la política financiera, la cual quedará indefectiblemente en manos de las corporaciones financieras del exerior y locales que controlan ese negocio, si es que el Congreso de la Nación se lo aprueba.
Acompañó esa propuesta con otro ramillete de proyectos, entre los cuales inventa la figura del “grillete fiscal”, que prohibirá que el Estado apruebe o sostenga presupuestos deficitarios, y si sucede durante varios meses, someterá al Estado a un apagón (shut down), con escasas excepciones en su funcionamiento.
También consignó “dos proyectos para recuperar la salud del sistema financiero en una etapa de crecimiento”. Mediante uno de ellos, prometió más ventajas y beneficios para el mercado de capitales y las colocacoiones financieras, que tendrán cada vez menos controles por parte del Estado. E incluso anticipó que se apolicará el mismo criterio para el mercado asegurador, en el cual las compañías ni siquiera deberán solicitar autorización previa para lanzar sus nuevos productos o modalidades de seguros, ya que las mismas compañías se ocuparán de preservar a los asegurados del riesgo de estafas (¿el zorro cuidando a las gallinas?).
El fin de la autoridad monetaria
El Banco Central, en la letra del proyecto, perderá casi todos sus objetivos esenciales: elimina de la Carta Orgánica su compromiso con el crecimiento económico, el pleno empleo, la estabilidad financiera (distinta de la monetaria), la supervisión del sistema de pagos y el apoyo a la equidad social. Sólo tendrá como objetivo preservar “la estabilidad del valor de la moneda”.
“Se termina con la bestialidad de cinco objetivos para un instrumento y la misión fundamental del Banco Centralvuelve a ser la de preservar el valor de la moneda”, proclamó, e insistió en su postura dogmática fundamentalista de “la naturaleza monetaria de la inflación, ya que la misma es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario generado por un exceso de oferta”.
“Con esto se acaba la estafa de emitir dinero”, a su criterio la herramienta del saqueo de “la alta política” y única responsable de una inflación que calculó de una cifra de doce trillones, ochocientos diecinueve mil quinientos treinta y dos billones…” y siguió hasta completar una cifra de treinta dígitos “por ciento”, pretendiendo erigir así una verdad que, por lo inexplicable, resulte irrefutable.
Nota completa: https://www.pagina12.com.ar/2026/07/31/sin-politica-financiera-y-el-poder-a-los-mercados/
